Pregúntale al Polvo; John Fante.

jueves, 3 de abril de 2008 | |

Pregúntale al Polvo; John Fante.
Por Javier Moro


Le pregunté sobre escritores. Sólo admiraba a John Fante, ahora muy enfermo, a quién consideraba su maestro. Había convencido a John Martin, su editor de Black Sparrow Press para que le publicara sus novelas; la primera Ask The Dust, apareció prologada por Bukowski. En cuánto a los demás autores: retórica y mentiras, shit.”

Así nos cuenta el editor español Jorge Herralde de la visita que le hizo a Bukowski, a su casa de San Pedro, en California, en su libro, “Opiniones Mohicanas” el encuentro que sostuvieron su esposa y él con Charles Bukowski, justo el día en que éste festejaba su cumpleaños número setenta, con botellas de vino alemán.

Bukowski, hoy considerado como el padre del realismo sucio, siempre consideró a Fante como su principal influencia. Para muchos de los admiradores, este nombre oscuro no les decía nada y algunos hasta lo consideraban una broma genial. Fante era un completamente desconocido, no solo para el público, sino también para la crítica norteamericana.

Pero a pesar de la idea dominante sobre la paternidad de este estilo literario, que hoy parece dominar en los mercados literarios, lo cierto es que Fante sí existía, no era una mera invención de la mente alcoholizada de Bukowski, y apenas era once años mayor que Bukowski. Además los dos compartían el hecho de ser hijos de inmigrantes, llegados a los Estados Unidos en plena recesión económica posterior al crack de la bolsa de 1929. Bukowski nació en la base que el ejército norteamericano tenía en la ciudad alemana de Audernach.

La familia de Fante había abandonado la región de los Abruzzos, en Italia, para instalarse en la ciudad de Denver, en Colorado, en donde nacería John, en 1909.

Escritores hijos de la peor crisis económica que ha conocido el mundo, hijos de la pobreza, de padres duros y violentos, tanto Fante como Bukowski deberían compartir la patria potestad del realismo sucio. Un estilo literario repleto de alcohólicos, de vidas pequeñas y mundos desgarradores, en donde la tristeza, la desintegración familia, la violencia, parecen llenar el mundo; Lugares muy lejanos a la visión del sueño americano que se construiría en la epóca de entreguerras en los Estados Unidos. La visión de Fante es una visión la visión nihilista, pesimista, nacida de las entrañas de esa América olvidada, considerada por las buenas conciencias como un mundo perdido, despreciable, digno de olvidarse.

En el rostro de los hombres que conforman las historias de Fante, es posible observar la dureza y la tristeza de esa tierra que han abandonado en busca de un futuro mejor, lejos, en los Estados Unidos de América

Fante continuaría con esta tradición, al emigrar aun más al sur, a California, en cuya universidad estudiaría periodismo. Justo por aquellos años la revista The American Mercury publicaría alguno de sus primeros cuentos.

Después vendría la publicación de su primera novela, Pregúntale al Polvo, en 1938. Libro que sería prácticamente ignorado tanto por el público como por la a crítica de esa época. Bukowski afirmaba que había leído este libro en alguna biblioteca pública.

Fue solo hasta el año de 1980, que la editorial Black Sparrow Press, por sugerencia del mismo Bukowski, reimprimiría esta novela.

Algunos años más tarde, en 1987, Pregúntale al Polvo sería premiada por el PEN Club Norteamericano. Un premio que como suele ocurrir muchas veces, llego demasiado tarde para su autor, quién había fallecido en 1983, víctima de la diabetes, mal que lo aquejaba desde los años cincuenta y que ya lo había dejado ciego y postrado en una silla de ruedas.

Poseedor de un humor ácido, Fante es al mismo tiempo un excelente retratista de las vicisitudes de la comunidad en la que le tocó nacer. Sus retratos son descarnado y fríos, casi brutales: A Fante no le interesa ocultar las carencias, los defectos. Al contrario, los resalta, los destaca. La brutalidad, la ignorancia, son elementos imprescindibles en estas narraciones; tal vez una manera de demostrar la dura lucha emprendida para abandonar y ganarle a las circunstancias que rodean su vida.

Los hombres retratados en las novelas de Fante, son obreros endurecidos por el duro trabajo: pobres e ignorantes, la clase de hombres que gastan su vida entre el duro cemento y la argamasa, hombres que trabajand e solo a sol, construyendo las casas que otros habitarán, hombres que han viajado miles de kilómetros, muchas veces en condiciones infrahumanas, en busca del sueño americano. Para ellos lo importante es el trabajo diario, conseguir el dinero necesario para dar de comer a sus muy extensas familias y beberse una cerveza por la noche.

Este es el mundo que Fante nos retrata en Esperando la Primavera, una de sus primeras novelas, un mundo muy cercano al que él conoció cuando era pequeño.

Esperando la Primavera es una novela esencial para compenetrarse con el estilo Fante; Novela de iniciación, en las que el joven Bandini tendrá que lidiar día a día con el ahogo provocado por la soledad, el abatimiento, creado por ese ambiente hostil. También aparecerá en esas páginas la figura del padre dominante, alcohólico, trabajador, sí, pero al mismo tiempo brutal; Ese hombre que desespera por la llegada de la primavera, pues en invierno no se puede construir nada, no hay trabajo para un albañil como él, aunque sea tan bueno como él.



La otra obsesión literaria que se encuentra en las novelas de Fante, es la que nos menciona el escritor italiano Alessandro Baricco hablando del alter ego de Fante, Arturo Bandini: la educación católica recibida de una madre demasiado estricta y sumamente devota; “Lo que Bandini tiene de inexorable católico es el instinto para interpretar la vida como una secuencia de culpa y castigo, destinada a repetirse hasta el infinito. Lo que Bandini tiene de inexorable católico, es el odio por esa manera de ver las cosas y una incapacidad absoluta de sustraerse a ese odio”.

El odio, el castigo, la culpa, son elementos negativos de ese catolicismo exacerbado que campean en las familias retratadas por la prosa de Fante; pero también la soledad, el desarraigo, la falta de amor, de ternura. Y el sueño de convertirse en alguien diferente. La necesidad de abandonar el nido paterno, escapar de las garras de la pobreza y la violencia que ésta trae consigo.

El desarraigo y la soledad son más fuertes que el entorno violento en el que va creciendo este adolescente soñador y furioso. Hay en él una voz discordante que va creciendo lentamente en su interior, hasta convertirse en un grito de rebeldía, de odio, una necesidad que se rebela a los años de educación católica, a la inmigración, a todo ese pasado perdido en la memoria de los mayores. El joven Bandini es ya un norteamericano, no un italiano pobre que arrastra sus recuerdos por este sueño americano, transformado ya en pesadilla.

Es precisamente este componente autobiográfico, que campea en buena parte de su obra, uno de los ingredientes que conforman el explosivo estilo de Fante: los retratos de la familia y la condición de la inmigración se hacen siempre con crudeza, rapidez, como si no se quisiera estar ahí, pero sin perder jamás la mirada lucida creada a través de la ironía, la burla, la capacidad de reírse de sí mismo, con la capacidad de conocer sus más profundos defectos y burlarse de ellos a risa batiente.

Fante es al mismo tiempo un humorista y un moralista. Busca ganarse al lector con la burla inmisericorde de sus protagonistas. Ahogado en risa no nos percatamos de la tristeza que bordea la figura de Bandini, la humillación constante a la cual es sometido, ya sea por su padre, por la escuela, por el resto de la familia.

Necesidad de escapar a través del sueño, de la escritura, de la lectura; Bandini, años después sería otra vez el protagonista de una obra alocada, misteriosa y hermosa, como lo es La hermandad de la uva, en la que el ya cansado escritor Arturo Bandini regresa al lado de su viejo padre para ayudarlo a construir un secador de carnes, en un lugar absurdo, en un momento erróneo.

Con La hermandad de la Uva se cierra la saga de Bandini; El hijo pródigo que regresa a su casa, empujado por la locura de su padre, y la infelicidad que rodea su vida de casado. Pero lo ha logrado, Bandini es ya un escritor hecho y derecho que regresa a casa, a rendirle tributo a los viejos dioses paternos: El alcohol, la locura y el trabajo.

Este Arturo es sin embargo la pura ambición de su autor concretada; Fante jamás pudo decir que era un escritor profesional; Era un escritor olvidado que seguía escribiendo en la soledad de su refugio. Solo y enfermo, Fante quiso que su principal creación, Arturo Bandini, alcanzará el éxito que él jamás logró alcanzar.

Y sin embargo Fante nunca dejó de escribir; aunque el reconocimiento le llegará de la mano de Charles Bukowski, a quién el mismísimo Fante corrió de su casa en alguna ocasión en la que éste lo fue a buscar para demostrarle su admiración.

Entre los años de 1977 y 1983, Fante todavía tuvo la capacidad, las ganas y las agallas, para terminar varias novelas que tenía preparadas, gracias a la ayuda de su esposa, quién mecanografió las palabras de Fante, mientras éste se sumía en la oscuridad de la ceguera producida por la diabetes. La última novela terminada por Fante fue Sueños de Bunker Hill, dictada por entero a su esposa.

Lo cierto es que Fante fue un escritor dueño de una prosa intensa, que no le da tregua al lector, que lo lleva desde la risa angustiosa ante lo que esta sucediendo, al desencanto frío por desenmascarar las parcelas exactas de la vida familiar: Fante escribía con furia, con odio, pero también con amor, con sinceridad, y las bajas pasiones de sus personajes siempre se ven envueltas por el miedo y la angustia. No son malos, solo hacen lo que se espera de ellos en un ambiente hostil, violento, en donde la vida corre vertiginosa hacia la nada, hacia el mismo principio; La pobreza.

Fante, que despreciaba su trabajo como guionista de cine, es señalado por la crítica como un autor dueño de un estilo directo, crudo, vibrante, emparentado más con el cine que con la literatura, pero que fue ignorado durante buena parte de su vida, y que gracias al reconocimiento dado por ese otro autor maldito, como lo es Bukowski, ganaría la fama y el reconocimiento casi a punto de morir, dejando tras de sí una estela de seguidores que crecen con los años.

La prosa de Fante rescata eso y algo más; la idea de el sufrimiento como camino de encuentro con el arte, con ese arte creado a partir del dolor, la fatiga, el desierto frío del anonimato.

1 comentarios:

Karla Verde dijo...

excelente reseña!! y sí, "Pregúntale al polvo" y "Espera a la primavera, Bandini" son dos de mis novelas preferidas, es fascinante cómo describen una época distinta con circunstancias tan particulares, y sin embargo es posible identificarse con las situaciones y emociones que plantean.

Definitivamente son dos novelas geniales, el resto de la saga de Bandini no la conozco, ojalá que el azar y el tiempo pongan esos libros en mi camino :)

saludos!