martes, 23 de octubre de 2007 | |

Viernes por la noche

Que no me vengan ahora los escritores con que la infancia es algo que se recuerda más o menos así; "Cómo olvidar la fiesta en el parque de nuestro colegio, la despedida ya sin punto de retorno de nuestra niñez entrada en la adolescencia".
Puta madre, sí mi adolescencia hubiera sido así, yo sería menos amargado y más egoísta.
Mi adolescencia. Mi niñez, solo fueron largos, muy largos periodos de dudas. Y a los trece mi mente solo se concentraba en tener sexo, conocer las glorias del sexo. Ya sabía lo que era, no era ningún misterio, a pesar de que lo conocí más como un juego, que como un hermoso remordimiento. Ya lo sabía, siempre lo supe. Es algo natural en mí. Lo aprendí joven. Y bien.
Lo aprendí con una mujer que no sabe que me jodió la vida. Porqué qué jodido es conocer el sexo y el amor platónico al mismo tiempo.
Desde entonces solo me enamoró de enajenadas sexuales. Buenas piernas, hermosos labios. me gusta que sepan besar, mamar, que sepan coger: Salvajes.
Todo en la vida debería ser salvaje, intenso. El amor, la muerte, la fuga, la nostalgia. Sin embargo la vida es aburrida y tiende a la domesticación.

1 comentarios:

Karla Verde dijo...

hola!

me identifico con tus palabras porque la adolescencia tampoco fue de mis mejores épocas, lo bueno es que como cualquier mala noche, finalmente se acabó.


me gustó mucho tu blog, creo que te estaré visitando para leerte con más calma.

saludos verdes!