sábado, 28 de junio de 2008 | |

De la Fiesta religiosa al reventón Gay
Por Javier Moro


Un tráfico imposible se apodera de las calles aledañas al templo de san Hipólito todos los días veintiocho de cada mes. Sin embargo este 28 de Junio es especial. O por lo menos diferente: Con unos cuantos metros de distancia conviven dos tipos de celebraciones bastante diferentes, pero no por ello contradictorias.

Caminar entre la esquina que forman la Avenida Hidalgo y el Paseo de la Reforma se vuelve imposible: Ríos de gente salen lentamente de la estación del metro Hidalgo, tomando posesión de las calles, cargando con sus replicas en yeso de San Judas Tadeo en las manos. Cubiertos de escapularios con la imagen del santo, jóvenes morenos con camisetas blancas, pantalones holgados y pelo a rape, bromean entre ellos, mientras avanzan lentamente en dirección hacia el templo de San Hipólito, epicentro de esta manifestación de religiosidad popular. Algunos compran playeras, otros se cuelgan un nuevo escapulario, que añaden a la ya de por sí larga lista, algún otro compra alguna estampa que se guarda en la cartera o en la bolsa del pantalón. La mayoría de ellos vienen acompañados por sus novias, jovencitas no mayores a los veinte años, que cargan con delicadeza la imagen de “su” santo, mientras toman de la mano a uno de sus pequeños hijos, que con gafas oscuras sobre los ojos, imitan los pasos y movimientos de sus padres.

Familias enteras se forman en una marea de miles de personas que durante el día desfilarán ante la imagen del santo, primo o hermano de Jesús, eso ellos no lo saben, aunque tampoco es importante: Para ellos San Judas Tadeo es el “efectivo”, “el jefe” después de Jesús. En santo patrono de las causas difíciles, el santo de los miles de comerciantes, informales o no, que habitan y trabajan en esta ciudad, en sus miles de tianguis, diseminados a lo largo y ancho de cientos de kilómetros de avenidas, pasos a desnivel, vagones del metro.

Santo patrono de las causas difíciles, la fiesta oficial de esta santo que murió martirizado en Persia cerca del año 67 después de Cristo, es el 28 de Octubre. Sin embargo esa fecha no les es suficiente a sus fieles, quienes han decidido acerarse hasta este templo de la colonia guerrero todos los días veintiocho de cada mes, para pagarle alguna manda hecha, para pedirle que los ayude a ellos o algún familiar que se encuentra en apuros, o simplemente para rendirle veneración a este santo que a últimas fechas, se ha convertido en el más socorrido por la grey católica.

Hijo de Alfeo Cleofás, San Judas Tadeo era primo de de Jesús. Sin embargo esta historia de santidad es casi desconocida por los miles de fieles que se acercan a rendirle culto en este templo, que en un principio estuvo dedicado como su nombre lo indica a San Hipólito, santo patrón de los conquistadores españoles, pero que hoy en día ha sido desbancado por un San Judas más cercano a las necesidades espirituales de miles de mexicanos pobres, quines ven en el santo un vínculo con lo celestial mucho más efectivo que el anterior dueño del templo.

Muchos de los jóvenes que se acercan al templo, lucen sus tatuajes del santo en brazos, piernas o pecho, muy cerca del corazón. A veces San Judas no esta solo: Lo acompaña el nombre de alguna novia amada, la foto de los padres o la dama blanca, “La Santa Muerte”, una santa no reconocida aún por la jerarquía católica, pero que ha ido ganando adeptos de manera vertiginosa en la ciudad de México y sus alrededores.

Jóvenes, viejos, todos se acercan cargando flores, rosas o crisantemos, imágenes, escapularios del santo, tratando de llegar lo más pronto posible hasta el templo, hasta el altar mayor, en donde una imagen del santo los espera pacientemente, entre los empujones de los cientos de fieles que se acercan con mirada suplicante a las puertas del templo de San Hipólito, en donde la verbena popular se encuentra en todo su apogeo: Medallas, escapularios, velas, flores, todo listo para que los fieles lo ofrenden al santo.

Sin embargo este 28 de Junio es especial, diferente: Mientras los miles de fieles a San Judas se arremolinan tratando de entrar al templo y rendirle culto, a escasos metros de ahí, en los cruces de la Avenida Juárez y Reforma se lleva a cabo otra fiesta multitudinaria. Una fiesta diferente y que enarbola motivos y aspiraciones completamente diferentes: La Marcha por el orgullo lésbico-gay, que como todos los años ha vuelto a tomar con su colorido y desparpajo la principal avenida de la ciudad.

Carros alegóricos, trailers con música electrónica tronando de las bocinas, camionetas, turibuses, vestidas, locas, gays de closet, drags, todas se encuentran aquí: la comunidad en su máxima expresión demostrando el poder del arco iris. Una locura que alegra la vista de las señoras regordetas que llevan de la mano a sus hijos pequeños hacia el templo de san Hipólito, pero que se detiene un momento a batir palmas y a observar a la comunidad gay, que entre los flashes de las cámaras, la música y los gritos, revientan la tranquilidad de este sábado que amaneció con un cielo despejado que anunciaba fiesta.

Dos manifestaciones culturales totalmente diferentes: la religiosidad popular que se vuelca como todos los meses a festejar y a suplicar los favores de una de las figuras emblemáticas de este catolicismo sincrético que es que se sigue practicando en nuestro país: Un catolicismo ferviente, sí, pero distinto, lejano al estoicismo que la jerarquía católica mundial quisiera imponerle a sus fieles. No, en el templo de San Hipólito lo que se vive es una fiesta religiosa, una verbena popular, en la que se congrega buena parte de la grey católica citadina: vendedores ambulantes y establecidos, ex presidiarios, amas de casa, migrantes, policías judiciales. Todos reunidos en la fe.
Pero a escasos metros se encuentra la fiesta, el hedonismo, el orgullo por ser como eres, la fiesta de miles de personas que han luchado toda su vida para ser respetados en sus decisiones personales. Una fiesta que congrega a mujeres, hombres, jóvenes y viejos, que orgullosos ondean su bandera multicolor, ante la mirada divertida, azorada y machista de una sociedad que por años los humilló, los ignoró y que tal vez en el fondo preferiría que no demostrarán su existencia de una manera tan “descarada”, tan abierta, tan lúcida y tan lúdica al mismo tiempo.
Metros separan a la religiosidad profunda del hedonismo descarado. Todo en un sábado cualquiera.

1 comentarios:

Paola dijo...

Wow, gran nota la de hoy, ¿eh? me confieso fan del que escribe este blog, es un tipo observador y sensible, esto debería ser publicado, querido Javier, en otra parte. Considéralo, n sólo porque te lo digo yo, sino porque tu texto es muy bueno.