Extranjero en mi cuerpo
Extranjero en mi cuerpo,
He andado por los caminos más oscuros del ser:
He encontrado en la suavidad del aire
El alimento necesario
Para andar a tientas
En busca
De una palabra,
De una lengua sonora que me transforme.
¡ Cambia ¡
Me grita el silencio.
Soy algo más que esa soledad que me desnuda.
Soy algo más que la ansiedad
Que me obliga a caminar
Por la caminos húmedos
En donde las ratas reinan con sus ojillos feroces
Y su falta de honor.
No soy yo el que busca la muerte.
Es solo que mi corazón
Ha sido tocado por sus labios helados.
No soy yo el lobo que me consume las entrañas.
Existe en mí una ilusión
Que brilla como un sol helado
Desvanecido en las brumas heladas de la mañana.
Sé
La luz que despierte mi bondad.
No quiero ser el mentiroso que soy.
No puedo ser el cínico que soy.
Tengo que quedarme de pie y avanzar.
Ser todo lo que no he sido,
Desprenderme de las máscaras
Y buscarme en la lengua que no se arrepiente.
Tengo que ser algo que nunca he sido.
jueves, 22 de mayo de 2008 | Publicado por Historias | Noticias | Regresiones | Reflexiones | Revelacionnes en 17:19 |
miércoles, 14 de mayo de 2008 | Publicado por Historias | Noticias | Regresiones | Reflexiones | Revelacionnes en 16:19 |
Habría que escribir sobre áquellas mujeres que confunden la belleza con la soberbia del silencio, con el frio desprecio que engalana sus miradas. Escribir sobre áquellas mujeres sutiles pero crueles. Mujeres que desconocen el amor y violan las entrañas del tiempo.
Pues hay algo en ellas, en esas mujeres, demasiado hermosas para ser ciertas, que descarrila a los hombres, que como yo estamos más cercanos a las bellezas salvajes de las calles, las oficinas, el transporte público.
Mujeres que con su actitud, con ese aire frío, esa languidez de reina de las nieves, confunden al más típico de los hombres. Mujeres extrañas, inciertas y frívolas, que con su silencio, humillan, destrozan.
En su caminar etéreo existe un desprecio por las leyes de la materia, de la física.
Mujeres demonio que esconden en sus formas los gritos salvajes de las brujas, los textos sagrados de la sangre. Mujeres tatuadas con rezos ocultos, mujeres que guardan en su vientre el secreto de los cantos marinos de las primeras sirenas, que atrapaban con sus labios y sus voces, a esos hombres desamparados y húmedos, que naufragaban en el mar tempestuoso de brazos mentirosos, buscando una noche de paz.
Habría que escribir sobre esas mujeres esquivas.
pero mis labios son ignorantes y mis brazos no alcanzan para atraparlas.