Alonso Delgado / 1

viernes, 5 de junio de 2009 | |

1
Mi padre era un tipo alto y lejano; alguién que solo me enseño que el dolor no debe vencerte: Duele, me decía mientras me doblaba los dedos de la mano. No, le decía, no duele, contestaba, aunque el dolor me hacía saltar las lágrimas de los ojos. No duele, decía, aunque en realidad mis palabras querían decirle que se quedará conmigo. El dolor no existe, me dijo él.
Dijo antes de desaparecer y convertirse en un rumor, en una voz que se perdió en mi memoría.
Mi padre es solo una palabra que no me dice nada.


2
Mi padre era un tipo seductor, caballeroso, que le encantaba a las mujeres.
Mi padre era catedrático de economía, asesor de embajadores, director de instituciones de gobierno.
Mi padre fue un preso de La Picota, acusado de narcotráfico y asociación delictuosa.
Mi padre es un nombre que nada dice.



3
Nací en una ciudad del norte, la ciudad de los parques y las palomas.
Una ciudad sitiada por el calor y las hormigas.
Nací lejos de todos.
Siempre fui silencioso.
Me gusta observar y callar: Así nadie puede notar mi presencia.
Siempre fui invisible.
No tengo nada más que decir, pues el silencio es la mejor arma de los que no sabemos nada,
de los que esperan todo.


4
El dolor es solo una entrada, aire que se nos cuela por la herida.
Porque lo que mata no es la bala, es el hoyo.
Porque el dolor no existe, es mental.

2 comentarios:

lulífera dijo...

qué soledad, la del hoyo, no de la bala

javier moro dijo...

La soledad es solo eso: una herida