Jueves 30 de abril.

jueves, 30 de abril de 2009 | |

Lo increíble no es que las calles ese encuentren vacías, lo que da más miedo es el silencio que nos acompaña: la música ha dejado de sonar, ya no se escapa a través de las ventanas, ya no contagia con sus ritmos guapachosos, charangueros, ya no molesta a los vecinos.

Acostumbrados al caos, no nos acostumbramos al silencio,a los ritmos semilentos.

Lo que da miedo es el silencio.

La gripe porcina

miércoles, 29 de abril de 2009 | |

Amigos, solo quería dejarles este texto que me llegó por mail. Para leer algo de informacióbn valiosa sobre la epidemia de gripa porcina que nos afecta en estos momentos.

Espero que todos se encuentren muy bien.

Un abrazo


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MIKE DAVIS
Amigo y miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, en cuyo libro El monstruo llama a nuestra puerta (Ed. El Viejo Topo, Barcelona, 2006) alertó lúcida y brillantemente del peligro de una gripe aviar pandémica de alcance mundial, explica ahora cómo la gran industria pecuaria globalizada ha sentado las bases para un más que preocupante brote de gripe porcina en México.

La gripe porcina mexicana, una quimera genética probablemente concebida en el cieno fecal de una gorrinera industrial, amenaza subitáneamente con una fiebre al mundo entero. Los brotes en la América del Norte revelan una infección que está viajando ya a mayor velocidad de la que viajó con la última cepa pandémica oficial, la gripe de Hong Kong en 1968.
Robándole protagonismo a nuestro último asesino oficial, el virus H5N1, este virus porcino representa una amenaza de ignota magnitud. Parece menos letal que el SARS [Síndrome Respiratorio Agudo, por sus siglas en inglés] en 2003, pero, como gripe, podría resultar más duradera que el SARS. Dado que las domesticadas gripes estacionales de tipo A matan nada menos que a un millón de personas al año, incluso un modesto incremento de virulencia, especialmente si va combinada con una elevada incidencia, podría producir una carnicería equivalente a una guerra importante.
Ello es que una de sus primeras víctimas ha sido la consoladora fe, inveteradamente predicada por la Organización Mundial de Salud (OMS), en la posibilidad de contener las pandemias con respuestas inmediatas de las burocracias sanitarias e independientemente de la calidad de la sanidad pública local. Desde las primeras muertes por H5N1 en 1997, en Hong Kong, la OMS, con el apoyo de la mayoría de administraciones nacionales de sanidad, ha promovido una estrategia centrada en la identificación y el aislamiento de una cepa pandémica en su radio local de brote, seguidos de una masiva administración de antivirales y –si disponibles— vacunas a la población.
Una legión de escépticos ha criticado ese enfoque de contrainsurgencia viral, señalando que los microbios pueden ahora volar alrededor del mundo –casi literalmente en el caso de la gripe aviar— mucho más rápidamente de lo que la OMS o los funcionarios locales puedan llegar a reaccionar al brote original. Esos expertos han observado también el carácter primitivo, y a menudo inexistente, de la vigilancia de la interfaz entre las enfermedades humanas y las animales. Pero el mito de una intervención audaz, preventiva (y barata) contra la gripe aviar ha resultado valiosísimo para la causa de los países ricos que, como los EEUU y el Reino Unido, prefieren invertir en sus propias líneas Maginot biológicas, antes que incrementar drásticamente la ayuda a los frentes epidémicos avanzados de ultramar. Tampoco ha tenido precio este mito para las grandes transnacionales farmacéuticas, enfrentadas en una guerra sin cuartel con las exigencias de los países en vía de desarrollo empeñados en exigir la producción pública de antivíricos genéricos clave como el Tamiflu patentado por Roche.
La versión de la OMS y de los centros de control de enfermedades, de acuerdo con la cual ya se está preparado para una pandemia, sin mayor necesidad de nuevas inversiones masivas en vigilancia, infraestructura científica y regulatoria, salud pública básica y acceso global a fármacos vitales, será ahora decisivamente puesta a prueba por la gripe porcina, y tal vez averigüemos que pertenece a la misma categoría de gestión "ponzificada" del riesgo que los títulos y obligaciones de Madoff. No es tan difícil que falle el sistema de alertas, habida cuenta de que, sencillamente, no existe. Ni siquiera en la América del Norte y en la Unión Europea.
Tal vez no sea sorprendente que México carezca tanto de capacidad como de voluntad política para gestionar enfermedades avícolas y ganaderas, pero ocurre que la situación apenas es mejor al norte de la frontera, en donde la vigilancia se deshace en un desdichado mosaico de jurisdicciones estatales y las grandes empresas pecuarias se enfrentan a las regulaciones sanitarias con el mismo desprecio con que suelen tratar a los trabajadores y a los animales. Análogamente, una década entera de advertencias de los científicos fracasó en punto a garantizar transferencias de sofisticada tecnología viral experimental a los países situados en las rutas pandémicas más probables. México cuenta con expertos sanitarios de reputación mundial, pero tiene que enviar las muestras a un laboratorio de Winnipeg para descifrar el genoma de la cepa. Así se ha perdido toda una semana.
Pero nadie menos alerta que las autoridades de control de enfermedades en Atlanta. De acuerdo con el Washington Post, el CDC [siglas en inglés del Centro de Control de Enfermedades, radicado en Atlanta; T.] no se percató del brote hasta seis días después de que México hubiera empezado a imponer medidas de urgencia. No hay excusa que valga. Lo paradójico de esta gripe porcina es que, aun si totalmente inesperada, había sido ya pronosticada con gran precisión. Hace seis años, la revista Science consagró un artículo importante a poner en evidencia que, "tras años de estabilidad, el virus de la gripe porcina de la América del Norte ha dado un salto evolutivo vertiginoso".
Desde su identificación durante la Gran Depresión de 1929, el virus H1N1 de la gripe porcina sólo había experimentado una ligera deriva desde su genoma original. Luego, en 1998, una cepa muy patógena comenzó a diezmar puercas en una granja de Carolina del Norte, y empezaron a surgir nuevas y más virulentas versiones año tras año, incluida una variante del H1N1 que contenía los genes internos del H3N2 (causante de la otra gripe de tipo A que se contagia entre humanos).
Los investigadores entrevistados por Science se mostraban preocupados por la posibilidad de que uno de esos híbridos pudiera llegar a convertirse en un virus de gripe humana –se cree que las pandemias de 1957 y de 1968 fueron causadas por una mezcla de genes aviares y humanos fraguada en el interior de organismos porcinos—, y urgían a la creación de un sistema oficial de vigilancia para la gripe porcina: admonición, huelga decirlo, a la que prestó oídos sordos un Washington dispuesto entonces a tirar miles de millones de dólares por el sumidero de las fantasías bioterroristas.
¿Qué provocó tal aceleración en la evolución de la gripe porcina? Hace mucho que los virólogos están convencidos de que el sistema de agricultura intensiva de la China meridional es el principal vector de la mutación gripal: tanto de la "deriva" estacional como del episódico "intercambio" genómico. Pero la industrialización gran-empresarial de la producción pecuaria ha roto el monopolio natural de China en la evolución de la gripe. El sector pecuario se ha visto transformado en estas últimas décadas en algo que se parece más a la industria petroquímica que a la feliz granja familiar que pintan los libros de texto en la escuela.
En 1965, por ejemplo, había en los EEUU 53 millones de cerdos repartidos entre más de un millón de granjas; hoy, 65 millones de cerdos se concentran en 65.000 instalaciones. Eso ha significado pasar de las anticuadas pocilgas a gigantescos infiernos fecales en los que, entre estiércol y bajo un calor sofocante, prestos a intercambiar agentes patógenos a la velocidad del rayo, se hacinan decenas de millares de animales con más que debilitados sistemas inmunitarios.
El año pasado, una comisión convocada por el Pew Research Center publicó un informe sobre la "producción animal en granjas industriales", en donde se destacaba el agudo peligro de que "la continua circulación de virus (…) característica de enormes piaras, rebaños o hatos incremente las oportunidades de aparición de nuevos virus por episodios de mutación o de recombinación que podrían generar virus más eficientes en la transmisión entre humanos". La comisión alertó también de que el promiscuo uso de antibióticos en las factorías porcinas –más barato que en ambientes humanos— estaba propiciando el auge de infecciones estafílocóquicas resistentes, mientras que los vertidos residuales generaban brotes de escherichia coli y de pfiesteria (el protozoo que mató a mil millones de peces en los estuarios de Carolina y contagió a docenas de pescadores).
Cualquier mejora en la ecología de este nuevo agente patógeno tendría que enfrentarse con el monstruoso poder de los grandes conglomerados empresariales avícolas y ganaderos, como Smithfield Farms (porcino y vacuno) y Tyson (pollos). La comisión habló de una obstrucción sistemática de sus investigaciones por parte de las grandes empresas, incluidas unas nada recatadas amenazas de suprimir la financiación de los investigadores que cooperaran con la comisión.
Se trata de una industria muy globalizada y con influencias políticas. Así como el gigante avícola Charoen Pokphand, radicado en Bangkok, fue capaz de desbaratar las investigaciones sobre su papel en la propagación de la gripe aviar en el sureste asiático, es lo más probable que la epidemiología forense del brote de gripe porcina se dé de bruces contra la pétrea muralla de la industria del cerdo.
Eso no quiere decir que no vaya a encontrarse nunca una acusadora pistola humeante: ya corre el rumor en la prensa mexicana de un epicentro de la gripe situado en torno a una gigantesca filial de Smithfield en el estado de Veracruz. Pero lo más importante –sobre todo por la persistente amenaza del virus H5N1— es el bosque, no los árboles: la fracasada estrategia antipandémica de la OMS, el progresivo deterioro de la salud pública mundial, la mordaza aplicada por las grandes transnacionales farmacéuticas a medicamentos vitales y la catástrofe planetaria que es una producción pecuaria industrializada y ecológicamente desquiciada.

Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).

Festival de la poesía y la poesía

sábado, 25 de abril de 2009 | |

Los esperamos también en la colonia CTM XIII en Ecatepec (detrás de la voca 3), para la celebración del primer festival de la poesía y la poesía, inscrito en el marco del festival internacional de los nuevos Vientos
Ecatepec 2009, (www.ficenuevosvientos.com).












Para leer a las DOS10

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Saludos

Los invitamos a ingresar a www.dos10.com.mx y descubrir la primer entrega de Para leer a las DOS10 con textos de:


Cea F. S.
Al nacer empezamos a morir
La existencia de una deidad que nos posee en cuanto la creamos, solo es comparable y paradójica con la falsedad en la disposición de imperativos morales que no podemos continuar: nos seguimos matando a pesar de su existencia, nos pervertimos. Leer más

José Enrique Castillo Robledo


La desolación en la noche aparente
La noche se sentía adormecida, vivía el desfallecimiento. Las ventanas se cubrían ligeramente de un amanecer infante que bregaba con la frágil oscuridad para exteriorizarse. El golpeteo de los pasos aligerados en el empedrado se escuchaba con una luz nacinue. Un aroma azul se encontraba abrigado por un hogar mientras alimentara sus rincones. Leer más


Por: Manuel Isaac Lugo Acuña
Zascandil
Desconcertado y por raro que esto parezca, observé frente de mí a una persona que fácilmente podía ser confundido conmigo, por no decir que era yo aquel hombre que, sentado, descansaba en las escaleras amplias y grises. Leer más


Estamos en contacto
Un Abrazo

Abre los ojos....

jueves, 23 de abril de 2009 | |

1

Cada que abría los ojos me encontraba perdido en una tierra de reflejos a los que me hubiera gustado contagiarles mi locura.

Solo un rostro sobresalía de los demás; ella y su mirada acusadora,
su aire insolente.

Ella y su silencio.

Ella,
la que me sostenía desde un hilo de aire,
una leve pulsación.

Una fría madrugada que se despertaba: aire y polvo que me traspasaba.


2


Amnesia. Nube blanca que oculta la mirada; ausencia de memoria.


3

El desear siempre más.
No importando el despropósito.
No importando el sudor frío que recorre tu cuerpo

Sé que nada vale la pena,
que todo exceso se paga con sangre.


4

Ahora sé que los recuerdos son insectos atrapados en los párpados.

Festival Semillero Cultural

sábado, 11 de abril de 2009 | |

Quería dejarles la invitación para que asisntan este próximo 18 y 19 de Bril a la explanada del Museo Anahuacalli.
Además el domingo 19 a las dos de la tarde se va a presentar el libro Antología de Cuentos Palabars Malditas, en la cafetería del Museo, espero nos puedan acompañar.



La fiesta

martes, 7 de abril de 2009 | |

Se apostaba fuerte, como siempre. Ahí estaban todos; los veteranos, los sobrevivientes de la guerra de Tamaulipas, los que llegaron de Veracruz y Chiapas. Más de cuarenta, bien comidos, mejor bebidos. La mota y la coca circulaban de mano en mano.

También estaban esos, los chapines, los que estaban en su casa, los que sabían que no podían descuidarse: los mexicanos eran menos, pero estaban mejor armados, tenían experiencia y eran sanguinarios. Ya lo habían demostrado en Zacapá y después. Habían arrasado con los Zárate, tenían dinero y a la muerte de su lado. Todos lo sabían.

También estaban los demás; los mirones, los que traían las bebidas, las mujeres, putas como siempre, que buscaban salir de Santa Ana y pensaban que alguno de los mexicanos podrían llevárselas. Estaban todos los que no habían sido invitados, pero querían beber y reír a costillas de otros.

También estaban los caballos: ninguna era pura sangre o descendiente de árabes, pero eran las mejores crías de la región. Los mexicanos habían traído a los suyos desde Tamaulipas, desde Veracruz. Los criaban con esmero. Les gastaban más dinero que a sus mujeres. Eran su orgullo y su orgullo es siempre bravío y arrebatado. No les gusta perder. Jamás.

Había Téquila y cerveza, Ron y Brandy. Para todos los que quisieran, para todos los que se habían enterado y se habían acercado al rancho. Algunos, los menos, prefirieron encerrarse en sus casas. Los Jarípeos no auguraban nada bueno. Nunca. Lo mejor era no tentar a la suerte.

La música de banda tronaba desde las bocinas, aderezadas por alguna que otra cumbia. El día iba cayendo entre saludes y abrazos cuidadosos.

No había confianza y las miradas endurecidas lo delataban. Algunos hombres, los menos, no habían bebido gota de alcohol y se mantenían cerca de las camionetas, con los músculos tensos. No fuera a ser.

Las primeras carreras fueron entre yeguas locales que no les importaban a nadie. Puro espectáculo para los lugareños, para ir calentando motores.

La carrera buena estaba preparada para el final, pero algunos de los chapines, habían traído sus caballos y querían correrlos con alguno de los del mexicano. Querían probarlos para próximas apuestas. Los mexicanos decían que sí a todo, soltaban sus caballos y seguían bebiendo. El jefe estaba feliz, seguro de que iba a ganar, así que ellos estaban tranquilos.

La única carrera que en realidad importaba era la última. El caballo ganaba, el jefe cobraba la apuesta y ellos podían irse de ahí, regresar al rancho tras la frontera y esperar nuevas ordenes. Siempre había nuevas ordenes, pero hoy era un día de fiesta, un día para relajarse y beber, para relajarse y verle las piernas a las morenas que iban de aquí para allá entre risas y coqueteos, entre burlas y alcohol.

Cuando el sol cayó, la carrera final se avecinaba. Uno a uno fueron llegando los dos caballos: primero el zaino del chapín. Nervioso, tenía una mancha blanca en la frente que lo hacía ver más peligroso. Después el azabache del mexicano, ese que ya había vencido en jarípeos en Veracruz. Un caballo fuerte, poderoso, negro completo.

Los dos se acercaron a la línea de salida con sus respectivos jinetes. El zaino se veía más liviano, pero eso no importaba. La carrera era de quinientos metros, la mejor distancia del negro.

El chapín disparó al aire, haciendo que los gritos de la multitud empezarán a apoyar a los dos caballos que salieron disparados en línea recta. Los jefes se habían puesto en la línea de meta, justo al final del terreno, para poder observar bien a bien cuál era el ganador. El zaino salió disparado, pero el azabache lo siguió de cerca. A la mitad de la distancia el azabache empezó a reducir la distancia, era más fuerte, más resistente y el zaino no le aguantó el paso. Al final, el azabache le ganó por menos de un cuerpo de distancia. Para todos fue claro. Los mexicanos gritaron de alegría: Su jefe había ganado medio millón de dólares.

Ahora solo faltaba cobrar y tomarse las copas finales. La fiesta buena se armaría del otro lado de la frontera, en merito territorio mexicano.

Pero el jefe chapín se negó a pagar, se puso necio el ojete. Sus allegados, sus socios lo calmaron, le dijeron que la victoria había sido clara, que no le quedaba más remedio que pagar. Le pidió a varios de sus hombres que fueran por el dinero. Éstos de dirigieron a una de las cabañas del rancho y salieron con un maletín negro que le entregaron a su jefe, que a su vez se lo pasó al mexicano. Éste lo recibió con cautela y se lo paso a uno de sus hombres.

Es hora. Nos llevamos caballos y el dinero. Cómo quedamos le dijo al chapín. Éste ya no respondió nada.

Hagan lo que quieran, no me interesa lo demás. Váyanse o quédense. Me da igual, les dijo a los mexicanos con furia en los ojos enrojecidos.

Los mexicanos abordaron lentamente las camionetas, se despidieron de las mujeres y se enfilaron hacia el camino que los sacaba a la frontera. El jefe se acercó a uno de sus hombres. No había confianza. Dos camionetas se quedaron escondidas entre la maleza.

Media hora después las camionetas estaban de regresó. El dinero estaba incompleto. La fiesta seguía y el jefe chapín estaba más animado: Había perdido su mejor caballo pero no les había dado todo el dinero a los mexicanos: se los había chingado.

Los primeros disparos cruzaron la oscuridad incendiando la noche. Iban dirigidos hacia la mesa del chapín. Doce balazos en el pecho y en la cabeza. Los demás iban hacia sus socios: nadie estaba libre de la venganza. Los gritos llegaban desde la noche, donde las camionetas de los mexicanos encendían el cielo a balazos.

Hoy soñé ontigo

sábado, 4 de abril de 2009 | |

Hoy soñe contigo. Llegabas envuelta en la burbuja del amanecer a la casa. Con maletas, muchas maletas y un labrador chocolate, que no me quería.
Soñe con tu voz y tu cuerpo, que se adueñaban otra vez de mi cama.
Soñe que llegabas a imponer el silencio en mi cuarto, a sacar todos los fantasmas que rodean mi vida, se adeuñan de mi alma.
Hoy volví a soñar contigo: eras la misma, altiva y egoísta.
La misma pero diferente.
Tu rostro había cambiado, tu cuerpo era otro, más robusto, más opaco.
Sé que no eras tú. No podías ser tú.
Sin embargo en mi sueño te decía bajo, casi en un susurro que ya no podía vivir contigo. No podías regresar.
Pero tú no escuchabas, no querías escuchar.
Querías ser ama y señora de mi sueño.
Y eso ya no puede ser.
Hoy volví a soñar contigo.
Y tuve miedo de que regresarás.